ASKANDAR. El viaje de Sargo a las Tierras del Norte. || [serie de relatos cortos]

Quiero compartir con vosotros una nueva idea que he tenido, a raíz de leer un montón de artículos que recomiendan los relatos cortos como promoción de una historia más grande. Ya que la novela en la que estoy trabajando es muy compleja y el worldbuilding es inmenso, creo que voy a seguir los pasos de autores como Andrzej Sapkowski, escritor de la saga de Geralt de Rivia, e introducir mi mundo fantástico antes de mi próxima trilogía. Es una idea arriesgada, pero creo que puede llegar a buen puerto.

Sin más dilaciones, os dejo la introducción de mi serie de relatos cortos sobre los clanes del Norte, en las áridas tierras de Askandar. Ahora sabéis los que me seguís en Twitter por qué me dio tanto por los vikingos últimamente. Los relatos cortos los iré publicando en en el blog, así que espero que leáis, comentéis y compartáis.


Mi nombre es Sargo, soy el hijo de un ebanista de la aldea de Bosque Verde que decidió un día ser un erodai. Mucha gente de Tierras Altas nos considera magos, encantadores, hechiceros expertos que solo aparecen en sus villas y aldeas cuando los tiempos no son propicios. Yo me considero un sabio, un filósofo y un hombre de bien.
Fue en una de esas andaduras por las villas del señorío de Viento Norte donde, divino azar, sufrí una escaramuza y rapto por parte de los clanes del Norte. Hombres rudos, ¡enormes! Cada uno portaba un arma bien afilada, una cota de malla tejida con maestría y asustaban a las gentes de las aldeas con sus fieros tatuajes y pinturas de guerra.
Mi norteño es pobre, pero como buen erodai, conozco las lenguas antiguas a la perfección y las gentes del frío Askandar, su tierra, tienen una lengua silábica muy parecida al fénix. ¡Di mil gracias por mi suerte a la Divina Madre! ¡Me entendieron!
Pensareis que el haber sido esclavo de los pheifue para mí una desazón, pero no es así. Conocí a un pueblo culto, valiente, con una riqueza que va mucho más allá de sus posesiones materiales. Soy un historiador, además de sabio. Os puedo asegurar que sé de lo que hablo. Los clanes del Norte comparten muchas creencias con nuestros amados fénix, después de todo, la tradición nos dice que son descendientes de los Primeros Padres. No obstante, los norteños tienen un rico culto a los ancestros y creen en cuentos y leyendas que narran a sus vástagos, cuando el frío y desolador invierno asola toda Askandar.
Ahora, sentado sobre mi scriptorium y con la cálida chimenea de la Gran Biblioteca alimentando mi alma, y mis recuerdos, quiero compartir con vosotros lo que fue mi vida y mi aprendizaje con las gentes de cabello de oro y ojos del color de la niebla. Altos y fuertes como robles, majestuosos. Sed bienvenidos a mi periplo.

Continúa en Una noche fría, neblinosa y sibilina.
Un saludo y gracias por estar ahí.

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