Creación de personajes #1 : Que podemos aprender de Darkest Dungeon

A la hora de crear nuestros personajes, solemos verlos como entes cuasi perfectos que pueden superar todas las vicisitudes a las que les hagamos enfrentarse. A otros, en cambio, los forzamos a llevar a cabo nuestros siniestros planes con una sonrisa en la cara (y tengo que deciros que eso se nota MUCHÍSIMO en la narrativa). Nunca nos paramos a pensar que puede sucederle a nuestro protagonista o a sus compañeros, o incluso a los “villanos”, si los ponemos en situaciones de estrés máximo.
 
Esa es una de las cosas que podemos aprender del juego DarkestDungeon, en él tenemos que hacer misiones en una colina infestada de criaturas sobrenaturales y terroríficas, además de tratar de no morir envenenados por temibles sectarios, o desangrados entre trampas y mecanismos engañosos. Esto hace que el estrés del personaje suba hasta que sobrepasa su pico. En ese momento, puede pasar de todo.
 
 
 
¿Os imagináis a un Harry Potter completamente paranoico, que en vez de tratar de matar a Voldermort, decide por su cuenta y riesgo salir corriendo y esconderse en el lugar más recóndito de la tierra? Me diréis que su lealtad a sus amigos y su buen corazón no se lo permitirían y yo os diré: ¡TURURU! Harry es un personaje cuasi perfecto con virtudes y sin ningún defecto. Una adolescente con su historial, con la cantidad de estrés que suele acumular simplemente para ir al baño, tiene que ser devastador para su psique. No obstante, Harry siempre es íntegro y no vacila, además de no sufrir ninguna tara emociona, más que las voces y visiones que le viene de Voldemort. Lo siento, pero es muy poco creíble.
 
Lo creíble es que nuestros personajes tengan taras, que su equilibrio emocional se vea mermado si están sometidos a mucha presión, que duden, que pataleen e incluso que abandonen su misión. Es lo lógico. No podemos pretender hacer verosímil alguien que interactúa como un playmobil, alguien que no siente ni padece. Lo lógico es que haya un equilibrio entre virtudes y defectos, e incluso más defectos que virtudes (si son grandes virtudes), ya que no olvidemos que, por encima de todo, somos humanos. En Darkest Dungeon existen diferentes taras que el personaje puede adquirir en la propia batalla: Paranoico, Inquebrantable, Suicida, Valiente… Otras las adquieren cuando han acabado la misión y están relacionadas con las acciones tomadas y la respuesta a estas.
 
 
 
No obstante, no todo es malo. Existen maneras de liberar estrés. Las de Darkest Dungeon me daban escalofrío. Porque si los personajes tenían mucho estrés tenían que flagelarse durante una semana en una abadía, o emborracharse hasta el coma etílico y arrasar en el burdel. No hace falta llegar a tanto —a menos que, como a mí, te guste la fantasía oscura—. Pueden ser charlas entre sus compañeros, actividades que les den paz. Anécdotas que les hagan recobrar el ánimo, actos altruistas o incluso el sacrifico supremo. Sí, ya sé que suena chungo pero como tengas a tu héroe tocado en una batalla descomunal y no quede otra salida, veremos cómo sales de esa.

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