El bloqueo del escritor #1

¡Hola gentecilla!
Hacía tiempo que no me paraba a escribir una entrada del blog, he de admitir que ahora mismo no estoy siendo muy constante con ninguna de mis lecturas —Tormenta de Espada, de George RR Martin, El Rey Arturo de M. K. Hume, y la traducción de Shadow Moon de Chris Claremont— así que no creo que os pueda hacer ninguna reseña pronto.
En cambio, si que me encuentro escribiendo y re-escribiendo activamente la que espero que sea mi primera novela —poder publicarla en un futuro con alguna editorial— con la ayuda de mi muy buena amiga y gran ilustradora Lara Herrera. Reconozco que si no fuese por ella y su inmensa ayuda y paciencia, esta historia seguiría en Wattpad con un primer borrador pésimo y quizás la hubiese acabado abandonando a su suerte.
Aquí viene donde introduzco el título de la entrada, El bloqueo del escritor, porque me encuentro en uno de esos momentos que no me quiero poner a escribir. Sí, lo reconozco. Es pensar en abrir el archivo de word donde tengo la trama de uno de los personajes principales, Edgar el mago, y me da verdadera pereza. En estos momentos, recuerdo las palabras de mi psicóloga y le tengo que dar toda la razón, mis propias ideas perfeccionistas y catastróficas no me dejan escribir. Voy a desgranar con vosotros, si eso nos ayuda a ambos, esas frases que me vienen a la cabeza y también desmitificarlas y rebatirlas con vosotros, porque es muy frecuente en escritores noveles —y no tan noveles— este tipo de bloques, que puede llevarnos a abandonar historias que nos gustan mucho e incluso que dejemos de escribir en una temporada de nuestra vida.
1. Todo lo que escribo es basura.
¿Esta afirmación es cierto? No, desde luego que no. Estamos diciéndonos que escribamos lo que escribamos, no va a valer la pena. Da igual que sea la lista de la compra, la entrada de un diario que solo vas a leer tú, o esa historia que hemos forjado desde nuestros sueños y esperanzas, que queremos compartir un día con la gente. ¡Da igual, todo es basura! ¿Para qué escribir? ¡ERROR! La única manera que existe de aprender a escribir, por muy cliché que suene y obvia, es escribir. Aunque no lo creamos, somos unos privilegiados por poseer esa capacidad, que otros nos han enseñado. Hubo un momento en la historia de la humanidad que nadie sabía escribir, luego la única manera de comunicarse era de forma oral y eso llevaba a que los humanos de ese momento solo pudiesen compartir sus enseñanzas con unos pocos, luego llegaría la escritura y mucho después la imprenta, somos unos privilegiados. Lo que me lleva a otra cosa, escribiendo no solo nos desahogamos, creamos nuestros propios mundos o hacemos que nuestros personajes hagan lo que a nosotros nos gustaría, sino que compartimos nuestra forma de ver la vida, nuestras experiencias y nuestras enseñanzas —por muy corta que sea nuestra edad— a otros. La escritura nunca será basura, puede que las ideas que se plasmen en papel sean más o menos acertadas para los demás, pero es nuestra forma de pensar y estamos en nuestro derecho de compartirla. Si quieres ser escritor, si quieres crear tu historia… Escribe.
2. A nadie le va a gustar lo que escribo.
Esta es otra idea que a muchos nos ronda la cabeza, el que nuestra historia no guste lo suficiente o la gente no la aprecia como nos gustaría. No obstante, nadie tiene la capacidad de leerle la mente a los demás luego aunque nos repitamos esta frase machacona, no podremos saber si nuestra historia se convierte en el próximo bestseller o pasa sin pena ni gloria. La única manera de averiguarlo es escribiendo y publicando. Sin embargo, decir que a nadie le va a gustar nuestra historia tampoco es cierto. Al igual que no le podemos caer mal a todo el mundo, nuestra historia puede llegar a un público que sí le guste e incluso revalorizarse en el futuro. Estoy convencida que la gran mayoría de escritores han tenido esta idea rondando por su cabecita en algún momento de su vida. Lo que me lleva a la siguiente pregunta, ¿y qué pasa si nuestra novela pasa sin pena ni gloria? No se va a acabar el mundo porque no tengamos éxito, esa es una idea errónea y nociva. Como bien dice Lara, si escribimos es porque nos lo pasamos bien haciéndolo y porque nos gusta lo que le hacemos pasar a nuestros personajes, porque disfrutamos. Si encima, hacemos que otros compartan nuestro punto de vista y se diviertan con las aventuras y desventuras de nuestras creaciones, ¡bienvenido sea! En el momento en que escribir se convierte en una carga, en una obligación. En el momento en que dejamos de vivir con el personaje lo que le sucede y no nos divertimos escribiendo, mi consejo es dejar de hacerlo o plantearse si hay ideas en tu mente que te detienen o bloquean, o simplemente tus prioridades y gustos han cambiado, y es hora de embarcarse en otros proyectos nuevos y excitantes. Esa historia siempre estará ahí, puede que al cabo de un año la retomes y veas que te vuelve a gustar escribir sobre ella.

3. ¿Y si no sé escribir el siguiente capítulo? ¿Y si no sé como describir las escenas, los paisajes y seguir la trama? ¿Y si lo hago mal?
Por último —al menos para esta entrada, por eso la he llamado #1—, estas tres preguntas que son las que más me taladran la cabeza a la hora de continuar con mi historia. Si habéis pensado estas tres perlas de nácar al igual que yo, solo puedo darnos una respuesta. Escribe. Me repito como el ajo, pero es que es la respuesta obvia y única. Para describir las escenas, es bueno leer, mirar fotos, ver el trabajo de otros, aprender de tus errores; sin embargo, la única manera de describir esa posada, esas montañas, ese personajes que ahora se esfume en neblinas en tu mente, es escribir lo que hay en tu imaginación. Si lo hacemos mal, siempre lo puedes modificar. Para añadir o quitar siempre hay tiempo, aunque si no hay base donde cambiar no hay nada. Yo os aconsejo que busquéis alguien que sea vuestro lector 0 y esa persona os ayude a desmigar lo que tenéis en la cabeza. Alguien conocido, al que le pidáis sinceridad, criticas constructivas, aceptando que puede que no os vaya a gustar lo que tiene que deciros. Si queréis sacar esa historia adelante, no solo es vuestra opinión por encima de todo y todos, no solo lo vais a leer vosotros y desde luego no habéis nacido sabiendo, ni sois perfectos. Una segunda, tercera, cuarta opinión que os ayude a mejorar, nunca estará de más. Después de todo, es vuestra novela y podéis hacer con ella lo que queráis, pero siempre habrá alguien que os haga crecer con su granito de arena y sus conocimientos. 
Aquí lo dejo, que esto va a ser la Biblia en pasta. Espero que os haya ayudado esta entrada tanto como a mí y que sigáis escribiendo lo que queráis, esa idea recurrente que os ronda en la cabeza. Podéis hacerlo, tenéis todas las capacidades para ello. Añado que si tenéis alguna idea nociva y machacona que yo no haya mencionado, la podéis poner en comentarios y podemos tratar de desmitificarla juntos. ¡Un saludo muy fuerte, y hasta la próxima!

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