Escribe tu propia historia #2 El trabajo de campo

Ojalá pudiese decir que escribir es tan fácil como sentarte delante del portátil, de una hoja en blanco, y juntar frases y palabras hasta parir un bestseller. Siento defraudaros, pero no es así. Desde que me alcanza la memoria, me he dedicado a rellenar folios en blanco con las historias que primero se me pasaban por la cabeza, he de reconocer que soy una persona muy imaginativa y creativa. Cuentos, relatos, primeros borradores… Todo ese tipo de cosas que hacen los escritores amateur. Aun así, nunca veía el final y simplemente me ponía a reescribir o cambia de historia porque la primera que había empezado había dejado de tener sentido o gustarme. ¿Es eso algo malo? No lo creo, como ya he dicho en posts anteriores, la única manera de aprender a escribir es hacerlo, sin más.
¿Qué era lo que fallaba en mí? Ahora lo veo, el trabajo previo. Organización, estructura, eligir y definir la trama principal y las secundarias, hacer personajes redondos y no planes y estereotípicos —que también valen, pero pueden provocarte muchos problemas al tener ya un rumbo establecido que puede no venirte bien en tu puzzle de ideas—.
Lo primero que aprendí, cuando decidí ir un poco más lejos en mi búsqueda de las tablas como escritora, fue que hay dos tipos de escritores: mapa y brújula. El escritor mapa lo tiene todo planeado, trazado, diseñado. Ha elegido su principio, su nudo, su final, sus personajes tienen voz propia y voluntad. Solo tiene que ponerse a escribir y punto. Yo siempre había pensando que eso era un rollo, que dejaba poco margen a la imaginación y ya era aburrido de por sí, porque ya sabía el final. ¿Para qué escribir entonces? ¡Cuán equivocada estaba!
El otro tipo es el escritor brújula, ese que tiene una idea y se va guiando por impulsos, por su intuición. No sabe el final, quizás tampoco el principio, simplemente tira para delante, en busca del Norte y con esa idea, que poco a poco evolucinará, como meta. Sinceramente, y después de haberlo intentado mucho, a mi eso no me funciona. No dudo que haya gente que sea muy hábil en ese campo de batalla, pero no soy capaz de concebir una novela sin el trabajo que esta conlleva. No quiero decir con esto que los escritores brújula no trabajen, ni mucho menos, sino que tarde o temprano tendrán que trazar un mapa para llegar a algún sitio.
Ya partíamos de una base en el post anterior sobre “Escribe tu propia historia”, y es la idea. La cual hemos dejado macerar y evolucionar en nuestra mente, apuntando notas y trozos de trama, lo primero que nos venía a la cabeza, que nos iba surgiendo, hasta que ha empezado a tomar forma en nuestra mente. Ya no es “chico conoce chica”, o “detective que busca asesino en serie”. Ahora los personajes tienen nombre y comienzan a tomar decisiones.
Ejemplo 1: Carlos, un informático aburrido y con un salario básico, adicto a los videojuegos y los comics, decide apuntarse a una web de citas porque la última vez que tuvo novia, estaba en el primer año de carrera. Un buen día, una usuaria sin foto le manda un mensaje y le dice que debe ser el destino, porque ha encontrado su perfil por casualidad y tienen demasiado gustos en común. Carlos se encuentra en la encrucijada de conocer a la desconocida o borrarse el perfil.
Ejemplo 2: Arnaldo es un joven detective, a la sombra de su padre, policía condecorado y un héroe para sus compañeros, al que le han encargado el anodino papel de organizar el papeleo burocrático de su comisaria. Un buen día, después de tratar de impresionar a la compañera de Roberto, el ojito derecho de su padre, que es una mujer de armas tomar y bastante impredecible, pero que lo vuelve terriblemente loco de amor, encuentra un caso sin archivar que lleva años sin resolver. Unos brutales asesinatos se sucedieron en la ciudad durante meses, todos en lunes y siempre con el mismo modus operandi, un menguante lunar en la garganta de la víctima. Arnaldo, aficionado al esoterismo, percibe que algo tiene que ver con rituales a la diosa oscura Hécate, la Luna Nueva, y decide investigar por su cuenta.
Como veis, esas historias ya tienen una idea mucho más elaborada que una sencillas notas e ideas que nos van surgiendo. Ya hay personajes con un carácter más o menos definido, una trama principal y subtramas secundarias que poco a poco se van definiendo y una meta, la resolución del conflicto. Vamos por partes.
La Poética de Aristóteles, esa obra que se ha usado desde la Antigüedad, para definir los cánones estéticos que tiene que tener toda historia, ya sea un cuento, un relato o una novela, nos dice que toda historia tiene tres partes: Planteamiento —presentación de los personajes y el punto de equilibrio—, nudo —punto de inflexión y desarrollo de la historia—, lo cual nos lleva inevitablemente al desenlace—resolución, a la par sorprendente e inevitable—. Eso no quiere decir que tengamos que contar la historia de forma cronológica, hay nace la gracia de ser escritor, podemos mover el puzzle todo lo que queramos hasta que la historia tenga la suficiente coherencia como verosimilitud, y sea lo suficientemente atractiva para el lector.
Ejemplo 1: Podríamos empezar con las tramas, la principal siempre será el deseo u objetivo que tengo el/la protagonista. En este caso, Carlos quiere encontrar novia y debe elegir entre conocer a la chica que le mandó un mensaje o no. Eso le llevará a diferente situaciones, pero su deseo a fin de cuentas, es el que imperara en la historia. Luego podemos insertar subtramas, como problemas familiares para darle dramatismo a la historia, que la chica en realidad sea una antigua ex novia que está obsesionada con él y le hace creer que es otra persona. Tramas cómicas, como lo torpe que es Carlos con las mujeres o su obsesión por los videojuegos. Lo que debemos tener claro es que la trama principal siempre será la amoroso, porque así hemos definido los intereses de nuestro protagonista.
Ejemplo 2: Esta es mucho más fácil, aquí se ven claramente las tramas y las subtramas. Trama principal: Arnaldo debe resolver el caso del asesino en serie de la Luna Menguante, ya que él posee conocimientos que sus antecesores en la investigación no tenían. Subtrama amorosa: Arnaldo quiere tener una affair/relación amorosa con la compañera de Roberto. Subtrama dramática: Arnaldo quiere que su padre reconozca su trabajo y lo valore.
Ya tenemos la idea evolucionando en nuestra mente, es hora de definir tramas y personajes. Decide que género quieres para tu historia (aunque esto puede cambiar o puedes eligir más, en el proceso) y escoge la trama principal, siempre en función de los intereses de tu protagonista y las subtramas, qué suelen estar relacionadas con los sentimientos y las emociones de los diferentes personajes, pero no siempre es así. 
Importante: el narrador de la historia NO tiene por qué ser el protagonista, puede estar contada en narrador onminsciente, equisciente o primera persona. Puede ser un mero narrador testigo que no tiene nada que ver con el protagonista, ni siquiera conocerlo. Busca tu voz narrativa, prueba diferentes. Eso te ayudará mucho a la hora de contar tus historia.
Ahora que tenemos las tramas, es hora de definir los diferentes personajes. Estos puntos los iré tratando más lentamente y con más explicaciones en posts siguientes. Lo que debemos saber ahora es que si no queremos personajes estereotípicos, que son una copia de la copia de la copia, y por tanto ya tienen un camino y un fin marcado que es ajeno a nosotros, es darles sentimientos y emociones. Capacidad de elección. No todos los personajes tendrán deseos, en los secundarios no es necesario, pero sí todos tendrá una función.
Estás en el buen camino para escribir, como diría mi amiga Lara, una buena mierda. El camino es largo y lleno de baches, pero estamos eligiendo el rumbo adecuado. No te desanimes, la pluma es nuestra espada y la hoja en blanco nuestro campo de batalla. ¡Adelante, mis valientes!

Deja un comentario