La Prehistoria. No solo hombres en taparrabos.

Estoy convencida de que si cerráis los ojos y os digo que os situéis en la Prehistoria, en la época en la que los hombres tenían que cazar bisontes y recolectar frutos de los árboles para subsistir, me diríais que cuándo llegan los dinosaurios. ¡Pues muy mal! ¡En la Prehistoria no habían dinosaurios!
Problemas de logística hollywoodiense aparte, hay muchos, pero que muchos, puntos enriquecedores para una novela si su autor se traslada a una época que llamamos Prehistoria como fuente de inspiración. No os estoy pidiendo que escribáis nada, sino que imaginéis.
Para empezar, la Prehistoria fue una época en la que el ser humano se tuve que enfrentar a la gran pregunta: ¿para qué narices sirve esto? No solo el fuego, que tuvo que ser un descubrimiento casual, y nos lleva a la idea del imaginario colectivo sobre los dragones

Un animal misterio, que puede aparecer y desaparece, que viene del cielo, que quema… Ahí lo dejo.


Como un bebé, el ser humano fue poco a poco descubriendo el funcionamiento de un mundo que no entendía, teniendo que bajar de los árboles por una deforestación masiva, por el posible calentamiento global. Eso quiere decir que el Sáhara era una enorme región fértil y cuando comenzó el Pleistoceno, se desertificó. Eso forzó a nuestros antepasados a modificar su modus operandi y buscar la manera de alimentarse, protegerse y básicamente sobrevivir.
Estoy convencida de una cosa, si pudiésemos hablar con un bebé y le preguntásemos qué cree que está pasando en el momento en que su madre enciende un móvil y él puede ver una imagen moverse y cantar, nos respondería con una palabra: magia.

Ilustración de Arturo Asensio

Aunque es solo una teoría de muchas, se cree que la elaboración de pinturas rupestres en la fase Paleolítica por el Homo sapiens tiene un componente mágico, es decir, lo que ellos dibujaban, como bisontes, grandes manadas de ciervos y hombres cazándolos, o mujeres en avanzado estado de gestación, tenía que ver con ese deseo de abundancia y con el concepto de magia. Aún existe en nosotros el llamado «pensamiento mágico», en el que repetimos una serie de rituales como palabras, gestos u ofrendas, porque pensamos que así nuestros deseos se cumplirán.




Imaginaos lo que puede ayudar a nuestra novela (sobre todo a la Fantástica y a la Ciencia- Ficción), el poder trasportarnos a aquella época en la que el ser humano danzaba para que lloviese. La magia en estado puro, el nacimiento de los dioses primitivos, de los tributos y ofrendas a la lluvia. ¿No os da escalofrío solo de imaginarlo?
¿Qué quiero decir con todo esto? Si despojamos nuestra creación de todo sentido, lo que primero debemos preguntarnos —en mi humilde opinión— es: ¿cuál es su función? Si hay dioses todopoderosos, ¿para qué están ahí? ¿Hay un quid pro quo entre ellos y los seres humanos? ¿Qué tipo de rituales llevan a cabo?
Aquí quiero hacer un inciso, cuando hablamos de rituales quiero destacar los sacrificios y rituales de sangre. En la actualidad, lo vemos con una práctica atroz y algo que básicamente es ilegal, inmoral y puedes ser castigado por ello. Sin embargo, ¿qué hizo que unos hombres prehistóricos matasen a otros seres humanos para que sus dioses les fuesen favorables?
Muchos historiadores, incapaces de dejar sus prejuicios y creencias propias atrás, califican esas prácticas de salvajismo y de dioses sedientos de sangre sin buscar un trasfondo mayor, un por qué a esos actos. Como ejemplo, os voy a hablar de Quetzalcoatl, el dios de los mayas y aztecas. ¿Por qué se llevaban a cabo rituales de sangre en su honor en ciudades como Teotihuacán? Porque para las culturas mesoamericanas, en su Cosmogonía, el mismo dios dio su vida y su sangre para salvar a la humanidad que esta se alimentase de sus restos y sobreviviese. Si un dios es capaz de hacer esto, ¿por qué no lo van a hacer sus seguidores?

Aquí sí os pido una cosa antes de escribir una novela, como consejo y no imposición, tratad de dejar vuestros prejuicios atrás a la hora de crear un mundo nuevo, original y novedoso. Lo que vosotros consideréis correcto o no, puede que no coincida en absoluto con el ideario y creencias de vuestras creaciones. Ante todo, coherencia y verosimilitud.

Pero no solo de magia vive el hombre. Hay mucho más jugo a la hora de usar la Prehistoria en vuestra novela. Me vienen a la cabeza títulos de películas como La Misión, Avatar, Alien, Conan o Predator en las que una civilización más avanzada que otra se enfrenta a la conquista o la asimilación pacífica. Es básicamente lo que Colón y su séquito de exploradores hicieron cuando descubrieron Las Antillas, y el posterior continente americano.

¿Sabéis que Las Antillas reciben su nombre de la creencia medieval de un continente mágico llamado Antillia que algunos marineros aseguraban haber visto? Aquí os dejo el artículo de Wikipedia para que lo consultéis.


Para vosotros, futuros novelistas y escritores noveles, cualquier choque cultural os puede dar un juego enorme. Ahí tenéis a George RR Martín con Canción de Hielo y Fuego que mezcla una península en un estado feudal, Poniente, con un continente situado en la Edad Antigua como Essos, con sus ciudades de Pentos, Meereen, etc que recuerdan muchísimo a los fenicios y sumerios.

Ahora bien, la Prehistoria no fue solo una época en la que los seres humanos iban vestidos con pieles, lanza en mano, buscando animales a los que hincarle el diente y escalando árboles de tamaño descomunal en busca de manzanas. Poco a poco, el ser humano encontró un hábitat donde asentarse, de tierra fértil y con abundante fauna, donde aprendió a domesticar tanto la tierra como el ganado. Con el paso del tiempo, esos nuevos grupos sedentarios agrupados en familias se fueron organizando, acumulando excedente, haciendo un intercambio de víveres mayor del ya conocido —porque, de hecho, hay teorías que nos hablan de hombres y mujeres haciendo intercambios de animales, utensilios e incluso concertando matrimonios en lugares sagrados para ellos, mucho antes de que se volviesen sedentarios— para comenzar a jerarquizarse y crear aldeas y protociudades.

En la llamada Edad de los Metales, surgió la metalurgia, eso sí, muy primitiva, y por ende las primeras armas, aunque en principio se cree que se buscaba la creación de utensilios para facilitar el trabajo del campo. Esto nos lleva a las primeras guerras y las primeras ciudades fortificadas.
Poco nos queda para comenzar la Historia y la llamada Edad Antigua. Os preguntareis que cuál fue entonces la diferencia entre la Edad de los Metales y una nueva etapa posterior, y muchos historiadores os dirán que la aparición de la escritura, que vino mayormente como proceso lógico en busca de organización; pero ya hablaré de eso en entradas posteriores.

Escribas sumerios.









Yo coincido con mi profesor de Prehistoria de 1º de Grado, no solo fue la aparición de una escritura para cuantificar las mercancías y las transacciones comerciales, así como los cánticos y rituales religiosos, sino la propia organización de la sociedad en comunidades, aldeas y posteriormente, ciudades. Ya no solo era una estructura familiar, sino que se habría de crear una red de clientelaje y una jerarquización.
Volviendo a la escritura, no siempre se cumple la premisa de sociedades complejas, con una jerarquización y organización del trabajo, sacralización y ritualización de sus actividades cotidianas y protocomercio a gran escala. Algunas sí tienen escritura, aunque bien los expertos creen que la tienen, pero no nos ha llegado hasta hoy o no hemos sabido traducirla.

Tablillas minoicas en Lineal A, escritura que aún no ha sido descrifrada.


¿Cómo nos puede ayudar todo esto a nuestra naciente historia y nuestro worldbuilding? Muy sencilla, cierra los ojos —bueno, primero termina de leer y luego hazlo— e imagínate como se distribuye tu mundo. ¿Hay ciudades, aldeas, granjas? ¿Hay reyes, caudillos, señores feudales? ¿Estos son elegidos por una asamblea o nacen con una condición superior? O todo lo contrario, ¿se rige tu comunidad por los consejos de los más sabios? ¿Comercian con otras ciudades? ¿Cuáles son sus producciones fuertes? ¿Qué animales domestican? ¿Tienen escritura o por el contrario se organizan con algo parecido al ábaco o a cuencas en cuerdas?

Como veis, hay muchas preguntas que responder ahora. No obstante, no es necesario contarlo todo en tu novela, aunque sí sería muy interesante que lo tuvieseis claro porque igual algún apunte sí dais u os sirve para crear una trama o un personaje. ¿No os ha parecido a vosotros también que aquí pueden encajar sí o sí las distopías?
Espero que os haya gustado esta entrada y si tenéis alguna duda, sugerencia, corrección o queréis compartir un punto de vista propio, no dudéis en dejarme vuestro comentario.
¡Nos vemos pronto!
Próximas entradas:
2.       La Edad Antigua. Mesopotamia, Grecia y Roma como madres de todas las culturas.
3.       La Edad Medieval. Demasiado explotada… para mal.
4.       La Edad Moderna. Conquistemos el mundo, si es que nos queda algo.
5.  La Edad Contemporánea. Industrialización, política y sociedad secretas. ¡Aquí hay chicha!
6.       Mundos futuristas y distópicos. ¡La madre del cordero!
7.       Lovecraft y sus dioses atemporales.

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