Mi crisis lectora

Como diría Frankie Heck en The Middle«he tenido una epifanía»
Estaba yo curioseando reseñas en el blog Libros Prohibidos, cuando me llamó mucho la atención la reseña de La Reina de los Condenados —libro que nunca pude acabar de leer—.
No es que tuviese realmente una revelación, lo que sentí fue una total y absoluta liberación. Siempre pensé que ese libro era infumable, totalmente diferente a los dos primeros y que no tenía ni pies ni cabeza. Para empezar, esos sueños extraños que nunca entendí, pero el colofón: un Lestat rockero y cañero que cantaba sus peripecias como vampiro en grandes arenas. 
Recuerdo haber leído Entrevista con el vampiro tras ver la película y disfrutarlo mucho, pero, sobre todo, sumergirme en las páginas de Lestat el vampiro y nacer en mí ese sentimiento de lectora “devoralibros” que desea leer y no parar. Cuando llegué al tercero de la trilogía, que por aquel entonces era el último que Anne Rice había escrito, pensé que el problema era mío. No era capaz de seguir leyendo, me aburría, tenía que volver a leer párrafos enteros para enterarme de lo que pasaba y la trama me parecía cada vez más enrevesada e insulsa. No obstante, pensé que la culpa era mía y ahí nació mi crisis lectora.
Llevaba tanto tiempo creyendo que no era capaz de terminar los libros que empezaba —aunque no sea, en absoluto, verdad. Harry Potter me lo leí entero, como ejemplo—, porque, a lo mejor, no me gustaba realmente leer o no encontraba nada que me gustara. Ideas absurdas e irracionales, que solo llevan a más ideas absurdas e irracionales.
Ver ese artículo en el que calificaban a La reina de los condenados como infumable fue la liberación que yo necesitaba. Nada había nada mal en mí, solo era un mal libro que tampoco gustó a otras personas.
Creo que nos pasa a muchos, nos han enseñado que lo que se empieza se tiene que acabar. Esa idea es nociva para una persona que le gusta leer, porque, en el momento en que encuentres un ladrillo o un libro soso y malo, se acabó lo que se daba. Te vas a machacar los sesos preguntándote por qué no lo terminas, cuando la respuesta es obvia: no te gusta y no lo quieres leer. Hay millones de libros que pueden gustarte si les das la oportunidad. Que ese es un truño… pues al siguiente.
Ahora sigo leyendo, dejo libros a mitad porque no les encuentro sentido o no me gustan. Busco y rebusco lo que sea de mi gusto, porque sé que lo hay. No es necesario que termine de leer un libro para que mi vida esté completa. Ese ladrillo que me está quitando las ganas de sumergirme en otras historias y conocer otros personajes que sí me pueden resultar interesantes, no es para mí. Puede que a otras personas sí les guste. 
Un saludo y hasta la próxima.

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