Principios prometedores

El inicio de la película Las crónicas de Narnia. El príncipe Caspian me parece una de las introducciones más prometedoras, aunque bastante cliché, que hay de películas de fantasía. El nacimiento de un bebé la noche de un eclipse, que entiendo que es un eclipse lunar porque si fuese un eclipse solar, sería de día. Bueno, errores de raccord al margen, lo que viene a ser la historia de Hamlet mil veces contada. El príncipe heredero tiene que huir de su reino porque su tío, que es su tutor legal, acaba de tener un hijo y puede usurparle el trono.

Un sabio y maestro del príncipe lo salva a media noche, llevándolo por un pasadizo secreto hasta la puerta principal que lleva a un puente levadizo. El príncipe escapa y es perseguido por sus propios guardas, por una razón desconocida, hasta un bosque encantado que los guardas temen atravesar. El príncipe acaba sufriendo un altercado y tiene que ser ayudado por una raza mágica cualquiera (enanos, gnomos, elfos, hadas, etc), además de usar un artefacto de gran poder que su sabio maestro le ha dicho que solo recurra a él si está en verdadero peligro.

Parece lo más típico y tópico del mundo, pero conmigo no falla. Esta primera premisa crea en nosotros como espectadores o lectores una serie de preguntas que despiertan nuestra curiosidad: ¿se salvará el príncipe? ¿Recuperará el trono? ¿Se vengará de su tío por intentar matarlo?  ¿Qué es y para qué sirve ese artefacto mágico?

Puede que yo no sea muy fan de Las crónicas de Narnia, que me haya visto las películas y me haya dormido en las tres, que huya de los libros como de la peste, pero esta introducción me encanta. Despierta en mí la nostalgia del Rey León, la incertidumbre de Willow, las ganas de ver magia y conocer ese basto mundo como en El señor de los anillos.

Es cierto que solo con este comienzo no tenemos realmente nada. De hecho, la segunda película de la saga de Narnia se tuerce hasta el aburrimiento más soporífero. El príncipe Caspian, que es el protagonista ya que tiene la misión de volver a recuperar su trono, queda relegado a un segundo plano, casi parece un personaje incidental.

Los principios más prometedores no tienen por qué llevarnos a las historias mejor contadas. No es de extrañar que pase justo lo contrario, la historia (en formato película o libro) empieza de una manera magistral, captando nuestra atención y despertando en nosotros la curiosidad y los recuerdos, para luego perderse en el worldbuilding, las historias de las diferentes razas mágicas, los tejemanejes políticos de la corte real, etc etc etc

Me lo ha repetido muchas veces mi profesora, Begoña. Si la trama ya es compleja de por sí, no la líes más. Es muy fácil perderse en esa maraña y querer añadir y decorar, mostrar paisajes y escenarios nuevos y bonitos. Añadir personajes que luego no tienen nada que ver con la trama principal.

Ya solo con las primeras escenas de la película, tenemos suficientes símbolos para seguir sin problemas. Ya, ya lo sé. Está basado en el segundo libro de la trilogía, pero no es la única película que usa esta introducción. Ahora mismo, me viene a la cabeza la última película sobre el rey Arturo dirigida por Guy Ritchie.

Yo aquí veo un eclipse lunar en el momento de un nacimiento. Un cuervo en el dormitorio del príncipe heredero. Pasadizos secretos. Un bosque encantado, lleno de leyendas. Dos enanos con espadas cortas. Un cuerno para llamar a un aliado ancestral. Decidme que no os acabáis de imaginar toda la trama de golpe con esas seis cosas.

Espero que os haya gustado este post. ¿Tenéis vosotros alguna introducción, sea película o novela, que os encante aunque luego no os haya gustado nada el resto de la película? Podéis ponerlo en comentarios, nos vemos en el siguiente post.

One Reply to “Principios prometedores”

  1. Para comienzo magistral, Misión imposible III. Ethan esposado en una silla y enfrente su mujer, espada y con la boca tapada. El malo le dice que contará hasta diez y la matará si no le dice dónde está la pata de conejo. Después de discutir la dispara en la cabeza. In media res perfecta, que no desvela hasta el climax final. Mi principio favorito.

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