«Ya estoy en casa, maestro» #KungFuPanda

Para mí, de lo mejorcito que se ha hecho en animación sobre el viaje del héroe, a parte de El Rey León, se podría resumir en dos películas: Rompe Ralph y Kung Fu Panda 2. Ambas me parecen igual de buenas y redondas, de esas que te dejan un buen sabor de boca al final y te muestran la superación de los obstáculos que se le aparecen en el camino al protagonista, hasta llegar a ser lo que está destinado a ser. Su objetivo, el conocimiento y aceptación de este, así como la resolución.
No puedo decir lo mismo de Kung Fu Panda, la primera. La vi de nuevo el fin de semana pasado y, aunque entonces fui capaz de entenderla, llevo rememorando la frase que encabeza esta entrada con un amargo sabor que no se sabe. Entiendo que es una película para niños y que, cómo todo cuento que solo ha de tener una trama, tiene que haber un claro protagonista con su antagonista. Hasta ahí bien, pero entremos en materia.
La historia nos es contada desde el personaje de Po, el panda, el cual su sueño es dejar el restaurante de fideos en el que trabaja con su padre, un ganso, y convertirse en una leyenda del kung fu. Perfecto, tiene un objetivo, empezamos bien. Decide ir a ver el nombramiento del guerrero del dragón, que estará destinado a ser un héroe legendario. Hay ya cinco aspirantes, que llevan un entrenamiento desde la infancia, y el maestro Oogway, la tortuga, el sabio que siempre debe aparecer en toda película de este tipo y que nos dice toda la trama en unas bonitas y enigmáticas palabras, es el que ha de elegir. Po hace todo lo posible para estar presente, incluso con las repetidas negativas de su padre hasta que en el último momento, por casualidad o no, Oogway lo apunta a él en vez de a Tigresa, una de las guerreras que se esperaba fuese la elegida.
Po no será aceptado de buenas a primeras, haciéndole un vacío sus compañeros y su propio maestro, Shifu, el cual tiene ya un recorrido detrás con su anterior pupilo que lo frena a la hora de enseñar a alguien sus conocimientos. Al final, Po encontrará un motivo para luchar, la comida (aunque no sea el más característico de este tipo de historia pero, como se dice en Kung Fu Panda 3, es que come por debajo de sus posibilidades).
Al final, todo se resuelve en aras de crear un héroe capaz de derrotar al primer pupilo de Shifu, Tai Lung. Un oscuro personaje que te lo venden como corrompido y únicamente deseoso de venganza, que consigue escapar de una prisión de alta seguridad y va en busca de su maestro para vengarse. Aquí, gentecilla, empieza el problema. Aunque he de reconocer que Kung Fu Panda es una buena película y muy entretenida, no tiene el broche de oro de la segunda parte. No es una historia cerrada, donde el principio y el final están conectados, hay demasiados cabos sueltos.
Por ejemplo, ¿quién es el protagonista? ¿Po? Ni de lejos. Aunque el deseo de Po es llegar a ser una leyenda del kung fu, su objetivo queda completamente oscurecido por el de Shifu y Tai Lung. Digámoslo así, Po es el instrumento que usa Shifu para detener a Tai lung porque él no puede. Po es nuestro personaje principal y con el que vamos a empatizar, que al final nos descubre la enseñanza final del subtexto, el guerrero del dragón es alguien noble que su única motivación radica en conocer y servir. El bien siempre vence porque sus aspiraciones son honestas y porque está destinado a frenar al mal, siempre. Después de todo, es un cuento.
Luego, Shifu es nuestro verdadero protagonista. Es un maestro rancio y mandón, obsesionado por su propio error que no fue otro que educar a Tai Lung y no poder convertirlo en el guerrero del dragón. Oogway será quien le habrá los ojos y le advierta que si vuelve a intentar controlar el crecimiento de otro alumno, solo lo volverá a corromper y no podrá obtener el premio que es el tan preciado título. Que como bien dicen en la película, no es más que eso, un título.
En este punto, estoy convencida que os estaréis preguntando si entonces no fue Shifu quien corrompió a Tai Lung y, la verdad es que sí. Esto tiene matices, ya que Shifu creó a Tai Lung pero este tomó sus propias decisiones y acabó haciendo cosas deplorables solo para alcanzar poder. Pero la motivación de Tai Lung, la real, la que subyace, no es ser malo por ser malo. Me temo que no. Lo que él quiere es que su maestro, el que lo crió desde niño y se convirtió en su figura paterna, lo quiera y se sienta orgulloso de él.
Aquí yace mi tristeza y por eso he puesto esa frase de título, porque cuando Tai Lung le dice esas justas palabras a Shifu, que lo espera para enfrentarse a él en el templo mientras la gente del pueblo huye, no le está intentando intimidar. Le dice la verdad, ha vuelto a la que fue su casa y con quién él considera su padre (¿os suena de algo la parábola del hijo pródigo?), de hecho al llamarlo maestro, se agacha en señal de respeto. No puedo evitar preguntarme que hubiese pasado si Shifu, en lugar de renegar de él de nuevo, le hubiese dicho que se sentara a su lado y le hubiese tratado de hacer entender que ambos cometieron un error. La respuesta es simple, no tendríamos historia ya que… ¿dónde quedaría entonces Po, el héroe?

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